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lunes, 15 de abril de 2013

Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida

También puedes leer el análisis de una estrofa en específico, acá.

***
¡Salve, fecunda zona, 
que al sol enamorado circunscribes 
el vago curso, y cuanto ser se anima 
en cada vario clima, 
acariciada de su luz, concibes! 
Tú tejes al verano su guirnalda 
de granadas espigas; tú la uva 
das a la hirviente cuba; 
no de purpúrea fruta, o roja, o gualda, 
a tus florestas bellas 
falta matiz alguno; y bebe en ellas 
aromas mil el viento; 
y greyes van sin cuento 
paciendo tu verdura, desde el llano 
que tiene por lindero el horizonte, 
hasta el erguido monte, 
de inaccesible nieve siempre cano. 
Tú das la caña hermosa, 
de do la miel se acendra, 
por quien desdeña el mundo los panales; 
tú en urnas de coral cuajas la almendra 
que en la espumante jícara rebosa; 
bulle carmín viviente en tus nopales, 
que afrenta fuera al múrice de Tiro; 
y de tu añil la tinta generosa 
émula es de la lumbre del zafiro. 
El vino es tuyo, que la herida agave 
para los hijos vierte 
del Anahuac feliz; y la hoja es tuya, 
que, cuando de süave 
humo en espiras vagorosas huya, 
solazará el fastidio al ocio inerte. 
Tú vistes de jazmines 
el arbusto sabeo , 
y el perfume le das, que en los festines 
la fiebre insana templará a Lico. 
Para tus hijos la procera palma 
su vario feudo cría, 
y el ananás sazona su ambrosía; 
su blanco pan la yuca ; 
sus rubias pomas la patata educa; 
y el algodón despliega al aura leve 
las rosas de oro y el vellón de nieve. 
Tendida para ti la fresca parcha 
en enramadas de verdor lozano, 
cuelga de sus sarmientos trepadores 
nectáreos globos y franjadas flores; 
y para ti el maíz, jefe altanero 
de la espigada tribu, hincha su grano; 
y para ti el banano 
desmaya al peso de su dulce carga; 
el banano, primero 
de cuantos concedió bellos presentes 
Providencia a las gentes 
del ecuador feliz con mano larga. 
No ya de humanas artes obligado 
el premio rinde opimo; 
no es a la podadera, no al arado 
deudor de su racimo; 
escasa industria bástale, cual puede 
hurtar a sus fatigas mano esclava; 
crece veloz, y cuando exhausto acaba, 
adulta prole en torno le sucede. 
Mas ¡oh! ¡si cual no cede 
el tuyo, fértil zona, a suelo alguno, 
y como de natura esmero ha sido, 
de tu indolente habitador lo fuera! 
¡Oh! ¡si al falaz rüido, 
la dicha al fin supiese verdadera 
anteponer, que del umbral le llama 
del labrador sencillo, 
lejos del necio y vano 
fasto, el mentido brillo, 
el ocio pestilente ciudadano! 
¿Por qué ilusión funesta 
aquellos que fortuna hizo señores 
de tan dichosa tierra y pingüe y varia, 
el cuidado abandonan 
y a la fe mercenaria 
las patrias heredades, 
y en el ciego tumulto se aprisionan 
de míseras ciudades, 
do la ambición proterva 
sopla la llama de civiles bandos, 
o al patriotismo la desidia enerva; 
do el lujo las costumbres atosiga, 
y combaten los vicios 
la incauta edad en poderosa liga? 
No allí con varoniles ejercicios 
se endurece el mancebo a la fatiga; 
mas la salud estraga en el abrazo 
de pérfida hermosura, 
que pone en almoneda los favores; 
mas pasatiempo estima 
prender aleve en casto seno el fuego 
de ilícitos amores; 
o embebecido le hallará la aurora 
en mesa infame de ruinoso juego. 
En tanto a la lisonja seductora 
del asiduo amador fácil oído 
da la consorte; crece 
en la materna escuela 
de la disipación y el galanteo 
la tierna virgen, y al delito espuela 
es antes el ejemplo que el deseo. 
¿Y será que se formen de ese modo 
los ánimos heroicos denodados 
que fundan y sustentan los estados? 
¿De la algazara del festín beodo, 
o de los coros de liviana danza, 
la dura juventud saldrá, modesta, 
orgullo de la patria, y esperanza? 
¿Sabrá con firme pulso 
de la severa ley regir el freno; 
brillar en torno aceros homicidas 
en la dudosa lid verá sereno; 
o animoso hará frente al genio altivo 
del engreído mando en la tribuna, 
aquel que ya en la cuna 
durmió al arrullo del cantar lascivo, 
que riza el pelo, y se unge, y se atavía 
con femenil esmero, 
y en indolente ociosidad el día, 
o en criminal lujuria pasa entero? 
No así trató la triunfadora Roma 
las artes de la paz y de la guerra; 
antes fió las riendas del estado 
a la mano robusta 
que tostó el sol y encalleció el arado; 
y bajo el techo humoso campesino 
los hijos educó, que el conjurado 
mundo allanaron al valor latino. 
¡Oh! ¡los que afortunados poseedores 
habéis nacido de la tierra hermosa, 
en que reseña hacer de sus favores, 
como para ganaros y atraeros, 
quiso Naturaleza bondadosa! 
romped el duro encanto 
que os tiene entre murallas prisioneros. 
El vulgo de las artes laborioso, 
el mercader que necesario al lujo 
al lujo necesita, 
los que anhelando van tras el señuelo 
del alto cargo y del honor ruidoso, 
la grey de aduladores parasita, 
gustosos pueblen ese infecto caos; 
el campo es vuestra herencia; en él gozaos. 
¿Amáis la libertad? El campo habita, 
o allá donde el magnate 
entre armados satélites se mueve, 
y de la moda, universal señora, 
va la razón al triunfal carro atada, 
y a la fortuna la insensata plebe, 
y el noble al aura popular adora. 
¿O la virtud amáis? ¡Ah, que el retiro, 
la solitaria calma 
en que, juez de sí misma, pasa el alma 
a las acciones muestra, 
es de la vida la mejor maestra! 
¿Buscáis durables goces, 
felicidad, cuanta es al hombre dada 
y a su terreno asiento, en que vecina 
está la risa al llanto, y siempre, ¡ah! siempre 
donde halaga la flor, punza la espina? 
Id a gozar la suerte campesina; 
la regalada paz, que ni rencores 
al labrador, ni envidias acibaran; 
la cama que mullida le preparan 
el contento, el trabajo, el aire puro; 
y el sabor de los fáciles manjares, 
que dispendiosa gula no le aceda; 
y el asilo seguro 
de sus patrios hogares 
que a la salud y al regocijo hospeda. 
El aura respirad de la montaña, 
que vuelve al cuerpo laso 
el perdido vigor, que a la enojosa 
vejez retarda el paso, 
y el rostro a la beldad tiñe de rosa. 
¿Es allí menos blanda por ventura 
de amor la llama, que templó el recato? 
¿O menos aficiona la hermosura 
que de extranjero ornato 
y afeites impostores no se cura? 
¿O el corazón escucha indiferente 
el lenguaje inocente 
que los afectos sin disfraz expresa, 
y a la intención ajusta la promesa? 
No del espejo al importuno ensayo 
la risa se compone, el paso, el gesto; 
ni falta allí carmín al rostro honesto 
que la modestia y la salud colora, 
ni la mirada que lanzó al soslayo 
tímido amor, la senda al alma ignora. 
¿Esperaréis que forme 
más venturosos lazos himeneo, 
do el interés barata, 
tirano del deseo, 
ajena mano y fe por nombre o plata, 
que do conforme gusto, edad conforme, 
y elección libre, y mutuo ardor los ata? 
Allí también deberes 
hay que llenar: cerrad, cerrad las hondas 
heridas de la guerra; el fértil suelo, 
áspero ahora y bravo, 
al desacostumbrado yugo torne 
del arte humana, y le tribute esclavo. 
Del obstrüido estanque y del molino 
recuerden ya las aguas el camino; 
el intrincado bosque el hacha rompa, 
consuma el fuego; abrid en luengas calles 
la oscuridad de su infructuosa pompa. 
Abrigo den los valles 
a la sedienta caña; 
la manzana y la pera 
en la fresca montaña 
el cielo olviden de su madre España; 
adorne la ladera 
el cafetal; ampare 
a la tierna teobroma en la ribera 
la sombra maternal de su bucare ; 
aquí el vergel, allá la huerta ría... 
¿Es ciego error de ilusa fantasía? 
Ya dócil a tu voz, agricultura, 
nodriza de las gentes, la caterva 
servil armada va de corvas hoces. 
Mírola ya que invade la espesura 
de la floresta opaca; oigo las voces, 
siento el rumor confuso; el hierro suena, 
los golpes el lejano 
eco redobla; gime el ceibo anciano, 
que a numerosa tropa 
largo tiempo fatiga; 
batido de cien hachas, se estremece, 
estalla al fin, y rinde el ancha copa. 
Huyó la fiera; deja el caro nido, 
deja la prole implume 
el ave, y otro bosque no sabido 
de los humanos va a buscar doliente... 
¿Qué miro? Alto torrente 
de sonorosa llama 
corre, y sobre las áridas rüinas 
de la postrada selva se derrama. 
El raudo incendio a gran distancia brama, 
y el humo en negro remolino sube, 
aglomerando nube sobre nube. 
Ya de lo que antes era 
verdor hermoso y fresca lozanía, 
sólo difuntos troncos, 
sólo cenizas quedan; monumento 
de la lucha mortal, burla del viento. 
Mas al vulgo bravío 
de las tupidas plantas montaraces, 
sucede ya el fructífero plantío 
en muestra ufana de ordenadas haces. 
Ya ramo a ramo alcanza, 
y a los rollizos tallos hurta el día; 
ya la primera flor desvuelve el seno, 
bello a la vista, alegre a la esperanza; 
a la esperanza, que riendo enjuga. 
del fatigado agricultor la frente, 
y allá a lo lejos el opimo fruto, 
y la cosecha apañadora pinta, 
que lleva de los campos el tributo, 
colmado el cesto, y con la falda en cinta, 
y bajo el peso de los largos bienes 
con que al colono acude, 
hace crujir los vastos almacenes. 
¡Buen Dios! no en vano sude, 
mas a merced y a compasión te mueva 
la gente agricultora 
del ecuador, que del desmayo triste 
con renovado aliento vuelve ahora, 
y tras tanta zozobra, ansia, tumulto, 
tantos años de fiera 
devastación y militar insulto, 
aún más que tu clemencia antigua implora. 
Su rústica piedad, pero sincera, 
halle a tus ojos gracia; no el risueño 
porvenir que las penas le aligera, 
cual de dorado sueño 
visión falaz, desvanecido llore; 
intempestiva lluvia no maltrate 
el delicado embrión; el diente impío 
de insecto roedor no lo devore; 
sañudo vendaval no lo arrebate, 
ni agote al árbol el materno jugo 
la calorosa sed de largo estío. 
Y pues al fin te plugo, 
árbitro de la suerte soberano, 
que, suelto el cuello de extranjero yugo, 
erguiese al cielo el hombre americano, 
bendecida de ti se arraigue y medre 
su libertad; en el más hondo encierra 
de los abismos la malvada guerra, 
y el miedo de la espada asoladora 
al suspicaz cultivador no arredre 
del arte bienhechora, 
que las familias nutre y los estados; 
la azorada inquietud deje las almas, 
deje la triste herrumbre los arados. 
Asaz de nuestros padres malhadados 
expiamos la bárbara conquista. 
¿Cuántas doquier la vista 
no asombran erizadas soledades, 
do cultos campos fueron, do ciudades? 
De muertes, proscripciones, 
suplicios, orfandades, 
¿quién contará la pavorosa suma? 
Saciadas duermen ya de sangre ibera 
las sombras de Atahualpa y Moctezuma. 
¡Ah! desde el alto asiento, 
en que escabel te son alados coros 
que velan en pasmado acatamiento 
la faz ante la lumbre de tu frente, 
(si merece por dicha una mirada 
tuya la sin ventura humana gente), 
el ángel nos envía, 
el ángel de la paz, que al crudo ibero 
haga olvidar la antigua tiranía, 
y acatar reverente el que a los hombres 
sagrado diste, imprescriptible fuero; 
que alargar le haga al injuriado hermano, 
(¡ensangrentó la asaz!) la diestra inerme; 
y si la innata mansedumbre duerme, 
la despierte en el pecho americano. 
El corazón lozano 
que una feliz oscuridad desdeña, 
que en el azar sangriento del combate 
alborozado late, 
y codicioso de poder o fama, 
nobles peligros ama; 
baldón estime sólo y vituperio 
el prez que de la patria no reciba, 
la libertad más dulce que el imperio, 
y más hermosa que el laurel la oliva. 
Ciudadano el soldado, 
deponga de la guerra la librea; 
el ramo de victoria 
colgado al ara de la patria sea, 
y sola adorne al mérito la gloria. 
De su trïunfo entonces, Patria mía, 
verá la paz el suspirado día; 
la paz, a cuya vista el mundo llena 
alma, serenidad y regocijo; 
vuelve alentado el hombre a la faena, 
alza el ancla la nave, a las amigas 
auras encomendándose animosa, 
enjámbrase el taller, hierve el cortijo, 
y no basta la hoz a las espigas. 
¡Oh jóvenes naciones, que ceñida 
alzáis sobre el atónito occidente 
de tempranos laureles la cabeza! 
honrad el campo, honrad la simple vida 
del labrador, y su frugal llaneza. 
Así tendrán en vos perpetuamente 
la libertad morada, 
y freno la ambición, y la ley templo. 
Las gentes a la senda 
de la inmortalidad, ardua y fragosa, 
se animarán, citando vuestro ejemplo. 
Lo emulará celosa 
vuestra posteridad; y nuevos nombres 
añadiendo la fama 
a los que ahora aclama, 
«hijos son éstos, hijos, 
(pregonará a los hombres) 
de los que vencedores superaron 
de los Andes la cima; 
de los que en Boyacá, los que en la arena 
de Maipo, y en Junín, y en la campaña 
gloriosa de Apurima, 
postrar supieron al león de España».



***

Importante:  Contamos con el análisis de una estrofa específica, donde se cuentan las sílabas métricas, se da la fórmula rítmica, etc. El sigiente análisis habla del poema en general.

Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida es uno de las obras más conocidas del venezolano Andrés Bello. Su nombre en sí nos habla mucho sobre el poema: se trata de una silva, composición poética con una serie de versos endecasílabos y heptasílabos de rima libre, y se enfrasca en la agricultura de la zona tórrida, es decir, la de la zona intertropical, lugar donde se encuentra Venezuela y otros países latinoamericanos.

Las características propias de la silva se evidencian claramente en cada uno de los 373 versos que conforman el poema. Si se analiza el verso "¡Salve, fecunda zona," nos encontramos con un verso heptasílabo, al igual que en "Allí también deberes"s. Los versos endecasílabos (de once sílabas métricas)  se encuentran por ejemplo en "¡Oh, jóvenes naciones, que ceñida". Bello escribió este poema de forma tal que métricamente siempre dan siete u once sílabas, como en el caso de "Huyó la fiera; deja el caro nido", de doce sílabas fónicas, pero como se forma una sinalefa entre "deja" y "el", pasan a ser once sílabas métricas. Igualmente en el verso "¿Qué miro? Alto torrente" de ocho sílabas, donde la sinalefa deja siete sílabas métricas. Todo esta perfección en la métrica, es una de las características del poema, que se ve influenciado por la corriente literaria del neoclasicismo.

En el caso de la rima, se observa por ejemplo en el siguiente fragmento:

<<¡Salve, fecunda zona, 
que al sol enamorado circunscribes 
el vago curso, y cuanto ser se anima 
en cada vario clima, 
acariciada de su luz, concibes!(...)>>

Donde riman el segundo y quinto verso y el tercero y cuarto. 

Es evidente a simple vista que Bello se refiere a la naturaleza, algo que caracterizó al movimiento neoclásico. En este caso Bello habla de una zona en específico, y se pueden encontrar referencias propias de dicho lugar, por ejemplo:

<<(...)Abrigo den los valles 
a la sedienta caña; 
la manzana y la pera 
en la fresca montaña(...)>>

Pero Bello no sólo tuvo la necesidad de hablar sobre la agricultura. Más bien, su poema tiene la tarea de instruir de manera de didáctica. Se habla dela importancia de regresar a la vida del campo, algo muy importante para el autor, en vez de la vida en la ciudad:

<<¡Oh jóvenes naciones, que ceñida 
alzáis sobre el atónito occidente 
de tempranos laureles la cabeza! 
honrad el campo, honrad la simple vida 
del labrador, y su frugal llaneza. 
Así tendrán en vos perpetuamente 
la libertad morada, 
y freno la ambición, y la ley templo.>>

Bello, igualmente, aboga por la paz. En el momento en que fue escrito el poema, la sociedad se vio envuelta en mucha desestabilidad y guerras, por lo que para el autor es importante terminar con todo eso.

Pero eso no es todo. Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida cuenta con una hermosura sin igual que no puede tomar a la ligera. Uno de los aspectos que caracteriza al poema es la abundancia de recursos expresivos. El más notable es quizás el hipérbaton, la alteración del orden lógico de las palabras en una una oración:

<<¡Oh jóvenes naciones, que ceñida 
alzáis sobre el atónito occidente 
de tempranos laureles la cabeza!>>

El encabalgamiento que se da cuando el sentido de una oración no termina en un verso, sino que continua en el siguiente: 

<<Tú tejes al verano su guirnalda 
de granadas espigas; tú la uva 
das a la hirviente cuba;>>

También, se encuentra la reiteración:

<<(...)hay que llenar: cerrad, cerrad las hondas(...)>>>


***
Información resaltante
Título
Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida
Autor
Andrés Bello
Fecha de publicación
1826
Tipo
Poema
Versos
373 (endecasílabos y heptasílabos)
Composición poética
Silva
Intención del autor
Instruir (didácticamente) sobre ciertos aspectos importantes.
Corriente literaria
Neoclasicismo
Algunas características de dicha corriente
Estricto cumplimiento de la



sábado, 18 de febrero de 2012

Análisis de "El eco" de Perez Bonalde

Madre, voy a partir; mas parto en calma  
Y sin decirte adiós, que eternamente 
me habrás de acompañar en esta vida. 
Tú has muerto para el mundo indiferente
mas nunca morirás, madre del alma,
para el hijo infeliz que no te olvida.
Y fuera el paso nuevo,
y desde su alto y celestial palacio,
su brillo siempre nuevo
derrama el sol por el cerúleo espacio...
-Vuelta a la patria de José Antonio Pérez Bonalde.

Los poemas siempre son capaces de alegrarnos el día, ya sea por la profundidad de los sentimientos que emanan o porque sencillamente son una parte importante y apreciable de la literatura... Y de la cultura de los pueblos.


Muchos poemas rinden culto al amor, otros se centran en lo magnífico de la naturaleza, describiendo sus bondades y lo maravilloso que encierra. Sea cual sea el poema, se está seguro que son piezas dignas de admiración.



El eco no es la excepción; se trata de una inestimable composición, la cual le presentamos a continuación junto con el análisis:
***
Heme aquí frente a frente
de la espesa tiniebla desde donde
oírme debe la deidad rugiente
que en su seno se esconde:
Dime, Genio terrible del torrente,
¿a dónde vas al trasponer, la valla
del hondo precipicio,
tras la ruda batalla
de la atracción, la roca y la corriente. . ?
¿A dónde va el mortal cuando la frente
triunfadora del vicio,
yergue, al bajar a la mundana escoria
en pos de amor, y venturanza y gloria?
¿A dónde van, a dónde,
su fervoroso anhelo,
tu trueno que retumba...?
Y el eco me responde,
ronco y pausado: ¡tumba!


Espíritu del hielo, 
que así respondes a mi ruego, dime:
si es la tumba sombría
el fin de tu hermosura y tu grandeza;
el término fatal de la esperanza,
de la fe y la alegría;
del corazón que gime
presa del desaliento y los dolores;
del alma que se lanza en
pos de la belleza,
buscando el ideal y los amores;
después que todo pase,
cuando la muerte, al fin, todo lo arrase,
sobre el oceano que la vida esconde,
dime qué queda;
dí ¿qué sobrenada..?
Y el eco me responde,
triste y doliente: ¡nada!


Entonces, ¿por qué ruges,
magnífico y bravío,
por qué en tus rocas, impetuoso, crujes
y al universo asombras
con tu inmortal belleza,
si todo ha de perderse en el vacío. . ?
¿Por qué lucha el mortal, y ama, y espera,
y ríe, y goza, y llora y desespera,
si todo, al fin, bajo la losa fría
por siempre ha de acabar..? Dime, ¿algún día,
sabrá el hombre infelice do se esconde
e1 secreto del ser..? ¿Lo sabrá nunca..?
Y el eco me responde,
vago y perdido: ¡nunca!


¡Adiós, Genio sombrío,
más que tu gruta y tu torrente helado;
no más exijo de tu labio impío,
que al alejarme, triste, de tu lado,
llevo en el cuerpo y en el alma frío.
A buscar la verdad vino hasta el fondo
de tu profunda cueva:
mas, ay, en vez de la razón ansiada,
un abismo más hondo
mi alma desesperada
en su seno, al salir, consigo lleva...!
¡Ya sé, ya sé el secreto del abismo
que descubrir quería..!
¡Es el mismo, es el mismo
que lleva el pensador dentro del pecho:
la rebelión, la duda, la agonía
del corazón en lágrimas deshecho! 

***



Las estrofas analizadas del poema Eco perteneciente al Poema del Niágara consta de 66 versos, de los cuales 31 son versos heptasílabos de arte menor, 34 son endecasílabos de arte mayor y uno es hexasílabo de arte menor. La rima es consonántica en la mayoría de los versos, a excepción del primer y el tercer verso de la tercera estrofa, los cuales presentan rima asonántica. Por otro lado, entre las licencias poéticas aplicadas para obtener las sílabas métricas se puede encontrar la sinalefa y la ley del acento final. La fórmula rítmica es aBAbACdcAAdEEbfgbgfHiJKihLkjLmMVBbnñoÑxjOPPIIBQbqoROROStNsnTUiuVIV. Tomando en cuenta todas estas características se puede decir que las estrofas se tratan de una silva.

Este poema fue escrito por Juan Antonio Pérez Bonalde. Al igual que otras composiciones poéticas, pertenece a una corriente literaria, en este caso el romanticismo, el cual se desarrolló a finales XVIII y se caracterizó por la exaltación del "yo" y el sentimiento de identificación con la naturaleza por parte del autor. Este movimiento también se caracterizó porque permitió que el poeta inundara el poema con sus sentimientos.

Las anteriores caracteriscas se pueden evidenciar en el presente poema, los sentimientos se encuentran muy bien definidos dentro de él. Entre estos se encuentran la nostalgia, la cual se produce al saber que no existe nada más allá de la muerte del hombre. Todo se pierde allí, tal como lo indica el autor en los siguientes versos:

(...)
Entonces, ¿Por qué ruges,
Magnífico y bravío,
Por qué en tus rocas impetuoso, crujes
y al universo asombras
con tu inmortal belleza,
si todo ha de perderse en el vació?
(...)

Igualmente en este poema se puede evidenciar el amor y la alegría. Un ejemplo de esto son los siguientes versos:

(...)

¿A dónde va el mortal cuando la frente 
triunfadora del vicio, 

yergue, al bajar a la mundana escoria 
en pos de amor, y venturanza y gloria? 

(...)

si es la tumba sombría 
el fin de tu hermosura y tu grandeza; 

el término fatal de la esperanza, 
de la fe y la alegría; 

(...)

La autoría de este poema, como ya se ha mencionado, corresponde a José Antonio Perez Bonalde, quien nació en Caracas el 30 de enero de 1846 y falleció en La Guaira el 4 de octubre de 1892. Fue uno de los máximos exponentes de la poesía lírica, del modernismo y precursor del modernismo.

José Antonio Pérez Bonalde no tiene un gran repertorio de obras, pero las pocas que creó son notables. Entre estas se encuentran: "Vuelta a la Patria" (1876 - 1877), "Estrofas" (1877), "Ritmos" (1880), "Flor" (1883) y "El canto del Niágara (1882), siendo este último su obra maestra y también el que alberga el poema llamado "El eco".

En este poema se trata el sentido de la vida del hombre, la cual a pesar de todo, termina en algún punto de la historia. Con esta composición, Perez Bonalde quiere hacernos reflexionar, razón por la cual hace usa los signos de interrogación constantemente, para que los lectores se pongan en su lugar y logren pensar acerca de lo que se manifiesta en el poema. El empleo de los signos de interrogación se puede observar en varias partes del poema, estos versos representan una de ellas:


Entonces, ¿por qué ruges, 
magnífico y bravío, 

por qué en tus rocas, impetuoso, crujes 
y al universo asombras 

con tu inmortal belleza, 

si todo ha de perderse en el vacío?


 Al leer estos versos y debido al uso de estos signos, el lector reflexiona sobre las cosas que se pueden hacer si al final todo se pierde en el vacío, es decir, la muerte.

Otro recurso del que se vale el autor es la utilización de los puntos suspensivos, los cuales se aprovechan cuando una idea ha quedado inconclusa, aunque también puede llevar a reflexionar al lector.

Por otro lado, otra característica es que posee un tono emotivo triste o nostálgico, debido al tema delicado como lo es la muerte. Igualmente en este poema el autor tiene una conversación, una digna representación de la fuerza de la naturaleza, y al cual denomina Genio sombrío y le hace diversas preguntas, pero al no obtener las respuestas que buscaba, llega inevitablemente la tristeza. Un ejemplo puede observarse a continuación:

(...)

¡Adiós, Genio sombrío, 
más que tu gruta y tu torrente helado; 

no más exijo de tu labio impío, 
que al alejarme, triste, de tu lado, 

llevo en el cuerpo y en el alma frío. 

A buscar la verdad vino hasta el fondo 

de tu profunda cueva: 

mas, ay, en vez de la razón ansiada, 

un abismo más hondo 

mi alma desesperada 
en su seno, al salir, consigo lleva...! 

(...)

Cambiando de tema, otros elementos que se pueden notar en esta composición poética son los recursos expresivos fonéticos y semánticos, los cuales se encargan de darle una mayor hermosura al poema.

Los recursos expresivos fonéticos son aquellos que tienen que ver con el sonido de la palabra y la oración. En este poema se pueden encontrar varios ejemplos de estos recursos. Algunos de ellos son:

El encabalgamiento: el cual se da cuando el sentido de un verso no termina en su palabra final, sino que continua en el siguiente, por lo tanto, hay que leer los versos que sean necesarios para poder entender los que nos quiere decir comunicar el autor. Ejemplos:

(...)

¿A dónde van, a dónde, 
su fervoroso anhelo, 

tu trueno que retumba...?
(...)  

Espíritu del hielo, 
que así respondes a mi ruego, dime: 

si es la tumba sombría 
el fin de tu hermosura y tu grandeza; 

(...)

La reiteración, la cual consiste en la repetición de una palabra o frase a lo largo del mismo verso. Por ejemplo:

(...)
Ya sé, ya sé el secreto del abismo
(...)
Es el mismo, es el mismo
(...)

En el caso de los recursos expresivos semánticos, se trata de aquellos que tienen que ver con el significado de las palabras. En este poema, se puede encontrar el hipérbaton, el  cual consiste en la ruptura del orden lógico en una oración. Ejemplo:

(...) 
De la espesa tiniebla desde donde
Oírme debe la deida rugiente
(...)

El epíteto es otro recurso que se puede encontrar en el poema, el es un adjetivo o un participio que describe las características de algo:

(...)
Si es la tumba sombría
(...)

Igualmente, existe la presencia de la humanización en esta composición, ya que se han aplicado cualidad humanas a objetos que no las tienen. Un ejemplo claro de esto es el corazón, el cual es un órgano del cuerpo humano, pero no puede gemir, como se indica en el séptimo verso de la segunda estrofa:

(...)
Del corazón que gime
Presa del desaliento y los dolores
(...)

Además de estos recursos, se plasman enseñanzas o se afirman hechos que son muy ciertos, se citan verdades. Una de las más significativas es la que que sirve como culminación a este hermoso poema, en la cual se explica lo que lleva la persona en el pecho y dice así:

(...)
Ya sé, ya sé el secreto del abismo
Que descubrir quería...
Es el mismo, es el mismo
que lleva el pensador dentro del pecho.
La rebelión, la duda, la agonía
del corazón en lágrima deshecho!
(...)

Tomando en cuenta todo esto, es importante señalar que "El eco" es un poema hermosa y único. La cantidad de reflexiones que este presenta sobre el sentido de la vida, el esfuerzo del hombre, le da una profundidad increíble. Al leerlo, muchos pueden estar de acuerdo con los problemas que tratan y las razones que explican.

"El eco" es una verdadera joya literaria, lo que se explica claramente al formar parte de "El Canto del Niágara" (1882), la obra más significativa de Juan Antonio Pérez Bonalde. Por tanto, el hecho de ser considerado el mejor de todos no es algo extraño.

Perez Bonalde ha sido considerado un gran exponente de la poesía lírica; este título lo tiene bien merecido y si se quiere comprobar basta con contemplar todas sus composiciones, en especial "El Canto del Niágara" (1882), una obra que permanecerá siempre el corazón de Venezuela y demuestra el potencial y talento de la nación.